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Locura de Multiplicador Imparable

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Neurobiología 2. Notan diferentes 2. Neurodesarrollo 2. Liberación límbica 2. Un cerebro ruidoso 2. Evidencias 2. Y una mente ruidosa 2. De dónde salen los síntomas 2. Genes 2. Variación y riesgo 2. Variación de la expresión 2. Genética y psicosis atenuada 2. En su contexto 2. Genes raros 2.

Incidencia a toda prueba 2. El genocidio 2. Explicaciones 2. El ambiente 2. La teoría de la mente 2. Entornos de riesgo 2. Cannabis 2. Pérdidas y estrés sostenido 2. Un modelo multicausal CAPíTULO 3. Digresión casi constructivista 3. Puede inventarse un curso de eventos con toda apariencia de realidad, adscribirles un tiempo y un lugar, concebirlos como existentes y adornarlos ella misma con toda circunstancia propia de cualquier hecho histórico que crea con la mayor certeza David Hume, Investigación sobre el entendimiento humano.

La psicosis es un síndrome clínico caracterizado por una significativa pérdida de contacto entre la realidad objetiva externa y relacional del paciente y sus correspondientes representaciones mentales.

Los componentes principales de la psicosis son los delirios, las alucinaciones y los trastornos de la forma del pensamiento el modo en que se asocian unas ideas con otras y de la conducta.

No es mucho como definición, pero es lo que hay. Esos síntomas principales se acompañan de otros dependiendo del cuadro en que la psicosis se dé esquizofrenia, depresión, trastorno bipolar, uso perjudicial de sustancias, demencias, problemas orgánicos cerebrales de otro tipo La psicosis es, pues, un estado compartido por muchos de esos cuadros, posiblemente los más graves de entre los problemas psiquiátricos.

El interés de la psicosis es doble. En primer lugar asistencial, pues es un problema muy frecuente, que puede afectar de modo crónico a alrededor de un 1 por de la población. Como consecuencia de su mayor o menor pérdida de contacto con la realidad, las representaciones que el paciente psicótico se hace de su mundo objetivo y, sobre todo, las conductas derivadas de ellas, pueden parecer inexplicables.

La adaptación laboral, familiar y social es mucho peor en esas condiciones, y la desesperación puede empujar al paciente a dañarse a sí mismo o a emprender acciones contra otros para defenderse de un daño imaginado, pues muchos delirios contienen la firme creencia en estar recibiendo un gran perjuicio por parte de otras personas'.

El segundo interés de la psicosis es científico, en tanto ofrece corno todas las enfermedades grandes posibilidades para el estudio de las correspondientes funciones alteradas.

En el caso de la psicosis esas funciones incluyen las menos conocidas y más interesantes del ser humano, las funciones psíquicas del cerebro. El paciente psicótico tiene problemas aunque no todos coinciden en tenerlos en reconocer los límites de su yo, reconocer los estados mentales ajenos, diferenciar los temores de las amenazas reales, distinguir pensamiento y percepción y otros síntomas de indudable interés neurocientífico y episternológico.

Podemos diferenciar dos tipos generales de psicosis. Hay una forma aguda, inducida claramente por un factor identificable y generalmente externo, como una sustancia tóxica o una infección. El otro tipo es el de los procesos crónicos, de origen probablemente cerebral en el que los sujetos que los padecen tienden a presentar delirios y alucinaciones de modo variablemente prolongado, en general con periodos de reagudización y remisión más o menos completa.

Es de este segundo tipo de cuadros psicóticos del que voy a tratar en este libro, por su mayor relevancia científica y clínica. Cuando hable de psicosis me referiré a ellos, que incluyen sobre todo los problemas diagnosticados como esquizofrenia, trastorno bipolar y trastorno delirante.

Debe precisarse sin embargo que la dicotomía que acabo de hacer es algo artificial, pues no es del todo raro que cuadros agudos con una causa tóxica por ejemplo, los secundarios a drogas se cronifiquen incluso tras desaparecer ésta.

Sin embargo, por la propia naturaleza del sistema nervioso humano esas posibles fuentes de alteración no están categóricamente separadas.

Probablemente todas contribuyen a la causa del síndrome psicótico, en mayor o menor proporción según los individuos. Hay muchas evidencias de la íntima relación entre las propiedades cerebrales y las ambientales a la hora de determinar la correspondencia entre las representaciones mentales y la realidad externa.

Podernos mencionar, entre otros ejemplos que desarrollaré en los capítulos por venir, que el cerebro cambia con la experiencia, sobre todo en las épocas más tempranas de la vida o que ciertos rasgos genéticamente confor mados pueden ser ventajosos o desfavorables dependiendo del entorno en que aparezcan.

La evidente y hasta cierto punto mensurable interfaz entre el cerebro y las experiencias del sujeto es muy relevante en la génesis de la psicosis. La calificación de un contenido, una representación mental o una conducta como patológicos implica un juicio sobre el grado de adecuación de los productos mentales a la realidad en la que está inscrito el sujeto2.

Debido a ello, cualquier teoría sobre la naturaleza de la enfermedad mental grave debe integrar datos de muchos orígenes y dimensiones. En este libro voy a presentar un modesto esfuerzo integrador de las fuentes que creo más básicas para mejorar nuestra actualmente deficiente comprensión de la psicosis, como síndrome más representativo de la disrupción entre las realidades objetiva y subjetiva de la persona.

Este libro continúa a uno anterior, Las Puertas Abiertas de la Cordura, cuya idea principal era que la enfermedad mental debía verse en continuidad fenomenológica y biológica con la mente normal para poder comprenderse. Esta idea está ahora más desarrollada para tratar de comprender mejor qué son realmente las psicosis o por lo menos, para exponer mi idea sobre este asunto.

He actualizado, renovado y ampliado los contenidos que en ese libro se relacionaban con la psicosis, aunque su idea principal, la de la continuidad con la normalidad, se mantiene, pues pienso que es clave para comprender aquélla. La mayor parte de los datos y argumentos, son ahora nuevos, sin embargo.

Si algún lector ha conocido mi libro anterior, espero que tenga paciencia con las no demasiadas páginas que repiten datos, que si aparecen de nuevo es por su insoslayable importancia. He tratado de poner esos todos datos experimentales, los viejos y los más nuevos, en el contexto de otras fuentes de conocimiento, pues la psicosis es un fenómeno que no puede reducirse a su vertiente médica.

Entre los argumentos nuevos en este libro están la no linealidad de la respuesta del cerebro, la importancia de la memoria operativa en la función simbolizadora normal y su desequilibrio, el papel de las neuronas en espejo, el exceso de ruido cerebral que es consecuencia previsible del desequilibrio de la trasmisión inhibitoria en la psicosis y algunas nuevas ideas sobre la aportación genética a ella relativas a la regulación y contexto de los genes , y en general sobre la interfaz entre cerebro y entorno.

El lector encontrará también algunas consideraciones sobre sucesos y situaciones relevantes u oportunas para este modelo de enfermedad mental como ciertos hallazgos en primates sobre teoría de la mente y memoria operativa, la persistencia de la psicosis pese al exterminio o esterilización de los pacientes en la Alemania nacionalso cialista, y la importancia de las ideas constructivistas para explicar los categóricos conceptos vigentes de enfermedad mental.

Este libro está más orientado que el anterior a las personas que por motivos profesionales asistenciales o científicos tienen contacto con este tipo de problemas, pero he tratado de mantener un lenguaje adecuado para que sea totalmente accesible para cualquier persona con una cultura media e inquietud por este apasionante asunto.

La especialización actual es inevitable y necesaria para mejorar la comprensión de los fenómenos parciales que convergen en la psicosis, pero no debe hacer perder la perspectiva de su multifactorialidad.

Comencemos pues con una visión general del problema. Estas representaciones mentales conforman el modo humano de «estar en el mundo», y nuestra conducta externa es en buena medida su producto observable. Cada una de esas representaciones tiene su correspondencia, teñida de ciertas peculiaridades, entre los síntomas y síndromes característicos de la enfermedad mental: los delirios son creencias erróneas e irreductibles y las alucinaciones percepciones sin objeto; las depresiones y la manía incluyen estados de ánimo injustificados por los eventos que acontecen al sujeto'.

La conducta del paciente psicótico es en general, al igual que la del sujeto sano, producto de sus representaciones mentales. Sin embargo, aun sin ser por sí mismas radicalmente distintas de las que todos hacemos, las representaciones psicóticas resultan injustificables para las personas sanas cercanas a los pacientes o para observadores neutrales a partir de la realidad objetiva, incluso considerando toda la información necesaria.

En este capítulo voy a tratar de ofrecer una visión general de las propiedades cerebrales conocidas que creo pueden subyacer a la discrepancia en el juicio de realidad en la psicosis. En esta parte, sobre todo trataré de la función cerebral normal, para en los siguientes capítulos tratar de sus alteraciones.

Trataré en particular, sin ánimo de ser exhaustivo lo que por otro lado escaparía a mi alcance de la complejidad como propiedad inherente a la función cerebral, de las representaciones o simbolizaciones mentales como propiedad emergente de esa complejidad, de la importancia de la memoria operativa para su emergencia y de algunas vías por las que el entorno puede influir en el cerebro.

Como la actividad mental tiene una relación directa con la del cerebro, la discrepancia representacional de la psicosis puede responder primariamente a cierta disfunción cerebral, y probablemente es así en muchos casos. Sin embargo, esta disfunción no parece, en función de lo que hoy sabemos, fácil de entender ni categórica cualitativamente diferente del estado sano.

Esto parece lógico, pues cuantos más elementos confluyen en una representación cerebral y en la psicosis deben confluir muchos más posibles fuentes y más complicadas interacciones pueden alterarla.

En otras palabras, en el complejo sistema cerebral, ciertas diferencias funcionales no patológicas en sí pueden dar lugar a productos mentales muy diferentes de los que habría en su ausencia o incluso abiertamente disfuncionales, al menos en ciertos entornos.

Trataré de argumentar esto con cierto detalle. Los problemas psicóticos incluyen distintas proporciones de alteraciones de la percepción, las emociones, las representaciones mentales y la planificación de la acción3. Por ello cabe esperar que el sustrato correspondiente sea distinto y más complicado que el de otros problemas cerebrales más homogéneos entre sí.

A diferencia de los psiquiátricos, los que hoy entendemos como neurológicos suelen ser problemas más «unimodales» motores, sensoriales, mnésicos o de otro tipo , aunque esto sea una simplificación útil4.

En ese tipo de problemas, un paciente puede tener o no en su cerebro de modo categórico como sustrato de los síntomas que padece parálisis, alteraciones sensoriales, amnesia, un infarto, una zona desmielinizada, o una degeneración neuronal, por ejemplo. Tales síntomas no estarán presentes si el sujeto no tiene esas alteraciones categóricas o si no han llegado a un cierto umbral de intensidad.

Los síntomas de los pacientes con esas alteraciones son cualitativamente distintos del estado de esas mismas personas en su ausencia perder o conser var la capacidad de mover un miembro o la de hablar, por ejemplo. Por ello, el progreso tecnológico hace que el diagnóstico en neurología sea cada vez más exacto, ya que realmente existen elementos que se pueden diagnosticar.

Es decir, alteraciones que subyacen claramente los síntomas de los pacientes y que permiten diferenciar entre quienes son pacientes neurológicos y quienes no lo son. No trato de negar que exista disfunción cerebral en los pacientes mentales, pues literalmente miles de estudios demuestran que el cerebro no funciona igual, como promedio, en los grupos de pacientes piscóticos que en la población sana.

Sin embargo, esta disfunción cerebral parece mucho más evanescente hay muchos pacientes sin aparente problema cerebral alguno y multifacética se encuentran alteraciones diferentes entre sí en cada diagnóstico que la neurológica; además debe admitir muchas gradaciones intermedias, para corresponder a la realidad observada en los pacientes, cuya variación dentro de cada diagnóstico es muy grande y cuyos síntomas muestran un alto grado de continuidad con la normalidad colmo veremos.

Es decir, la disfunción en los pacientes psicóticos parece mucho menos categórica que la neurológica, al igual que lo son sus síntomas, y esto plantea graves dificultades para encontrar datos cerebrales, genéticos o causales de otra índole indudablemente anormales asociados a sus problemas.

Al menos si nos basamos en los actuales conceptos categóricos de clasificación de los problemas mentales. Un síndrome de manifestaciones conductuales complejas, como son los trastornos psicóticos, debe a priori tener muchas más posibles vías cerebrales de alteración que los síndromes de manifestaciones menos complicadas.

Por lo que hemos ido aprendiendo en la relativamente reciente historia de la neurociencia, el cerebro contiene una inmensa red dedicada a recibir estímulos de nuestro entorno y de nuestro medio interno y, tras analizarlos, responder a ellos.

Este proceso parece ser más simultáneo en paralelo que jerárquico en serie '. Ambos modos de acción, la recepción y análisis de las señales y las respuestas internas o externas implican a grupos o redes cerebrales de tamaño creciente, dependiendo del número de los estímulos, sus necesidades de integración y las relaciones entre ellos.

Por tanto, lo que hoy denominamos funciones superiores como la resolución de problemas, el afecto, la planificación, la atención, la memoria, la regulación de la conducta o la autoconcíencia , requieren de la acción coordinada, muchas veces simultánea, de enormes grupos neuronales interconectados.

Esto es especialmente cierto si consideramos que los grandes grupos neuralesb que subyacen a esas funciones poseen además otras características que los distinguen entre sí como distintos neurotrasmisores y tipos de receptores de cuyo equilibrio más o menos exacto dependen las propiedades finales del sistema.

Estas propiedades finales subyacen a la variación interindividual de los productos mentales humanos. El resultado de la acción coordinada de los grupos neurales no se puede reducir a parámetros lineales, en términos matemáticos.

Es decir, es francamente difícil o incluso totalmente imposible predecir de modo fiable cual será la respuesta exacta de una red neuronal compleja a un determinado estímulo.

Una estructura compleja, para la física y la matemática modernas, posee relaciones no lineales entre sus componentes regidas por las reglas matemáticas del caos. Esto viene a significar que una misma acción de o sobre uno de estos componentes no siempre produce el mismo efecto sobre los siguientes componentes en la estructura ni sobre el comportamiento global de ésta.

Todo esto es aplicable a la función cerebral humana, en particular a sus manifestaciones más elaboradas, lo que es muy relevante para una adecuada conceptualización de la psicosis: la respuesta de un sistema cerebral individual no es necesariamente la misma que la de otro en apariencia más o menos idéntico ante un mismo estímulo, o que la del mismo sistema en otro contexto muy similar en otro momento ante aparentemente idénticos estímulos.

Nuestros cerebros se comportan de modo diferente en función de infinitesimales y prácticamente incognoscibles cambios en su composición e historia que modifica sus propiedades físicas , de modo tanto más impredecible cuanto más componentes tenga la función que estudiemos.

Ciertos sutiles cambios genéticos y cerebrales en interacción con entornos cambiantes pueden dar lugar a graves inadaptaciones conductuales, como veremos.

La complejidad tomada en este sentido la impredecibilidad de las manifestaciones a partir de un cierto grado de complicación de la estructura puede subyacer a la variabilidad humana en sujetos sanos7. Las mismas propiedades impredecibles «matemáticamente caóticas» podrían verosímilmente contribuir a la existencia de la psicosis corno fenómeno puramente humano y no cualitativamente distinto de la normalidad.

Si el sistema cerebral es intrínsecamente variable en sus manifestaciones, la introducción de sutiles cambios, aun no cualitativamente patológicos en sí, puede aumentar la impredecibilidad de sus respuestas y contribuir así a la discordancia entre realidad mental y objetiva del sujeto.

Muchos factores, de los que iremos hablando, contribuyen a la «no linealidad» del sistema cerebral. Baste ahora mencionar uno que merece destacarse por su participación demostrada en ciertos síndromes psicóticos.

En las redes neurales hay elementos excitadores e inhibitorios8 neuronas que poseen la facultad de evocar o inhibir la respuesta9 de la siguiente s neurona s de la red , cuya combinación hace que el resultado neto del procesamiento de una señal en esas redes dependa de muy pequeñas variaciones en la fuerza relativa de sus conexiones.

Supongamos una red con solo tres elementos, donde A excita a B y C y B inhibe a C. C es el elemento también excitador de salida del sistema, y por tanto quien «decide» el resultado neto del input recibido si excita o no a otro grupo neuronal, o a un elemento efector, como un músculo o una glándula con los que está conectado.

Si la fuerza de la excitación de A sobre B es grande y también lo es la de la inhibición de B sobre C, C será inhibido. Por tanto, no habrá impulso activador sobre el siguiente elemento en la cadena neuronal o efectos.

Si la excitación de A sobre C es mayor que la inhibición ejercida por B sobre C, C resultará excitado, y el correspondiente músculo, glándula o grupo neuronal entrará en acción.

Si son iguales, puede que el estado de C no cambie, con lo que no habrá resultado apreciable sobre la salida del sistema. Y si es inhibido, sus efectos no aparecerán sobre los elementos siguientes, y por tanto otras conexiones sobre esos elementos glándula, músculo o neuronas inducirán acciones diferentes a las que éstos tendrían en caso de no estar inhibido C.

Cada neurona se conecta con railes o incluso decenas de miles de otras neuronas, de tal modo que se piensa que todas las neuronas están a menos de 6 sinapsis de cualquier otra en esa inmensa red.

En ese contexto de inabarcable conectividad los grados de complejidad aumentan más todavía con la retroalimentación de las señales sinápticas, las distintas propiedades de los receptores neuronales en esas sinapsis y la influencia del entorno en su fuerza de conexión, entre otros factores.

Por otro lado, la conectividad no es idéntica a lo largo de la vida del sujeto. De acuerdo a los principios hebbianos10, corroborados por el descubrimiento de los mecanismos de la potenciación a largo plazo, la propia trasmisión entre neuronas dependiendo de su tasa y coincidencia temporal modifica la fuerza de las conexiones neuronales, con lo que éstas no pueden considerarse como estructuras inmutables.

Por tanto, la señal recibida por el sistema neuronal podrá ser transmitida a su salida como netamente excitadora o inhibidora dependiendo de pequeñas variaciones en el número de conexiones inhibidoras o excitadoras entre sus componentes, su secuencia y su fuerza relativa". Una misma señal podrá dar lugar a respuestas diferentes en sistemas neuronales aparentemente muy semejantes y mínimas diferencias de conectividad pueden explicar grandes cambios funcionales Como además, tales diferencias de conectividad dependen también de variaciones genéticas no patológicas variantes genéticas normales en la población que modifican propiedades relevantes a la trasmisión y proceso neurales dentro del rango de la normalidad y de la historia de la red nuestro sistema nervioso cambia hasta cierto punto con nuestra experiencia , los productos mentales en respuesta a un mismo patrón de estímulos admiten un amplio grado de variación incluso en lo referido exclusivamente a su sustrato neural.

La predicción exacta es pues virtualmente imposible en las redes cerebrales complejas reales, aunque esto no signifique que no podamos hacer aproximaciones útiles al problema. En otras palabras, el grado de incertidumbre con el que nos tenemos que manejar en psiquiatría es más alto que en otras especialidades por el propio objeto con el que tratamos.

Pequeños cambios externos en la temperatura en el caso del agua pueden decantar la situación global del sistema hacia un lado u otro, muy distintos entre sí pese al mínimo cambio exterior que se precisa para transitar entre ellos.

De modo semejante, los circuitos neurales están preparados para cambiar rápidamente en función de los estímulos que reciben de un estado inhibición a otro excitación.

Los sistemas neurales están de modo predeterminado en esa transición de fase y pequeñas variaciones en las conexiones sinápticas, sobre todo en las inhibitorias, como para las que de hecho hay evidencias en la psicosis , pueden ejercer dramáticos efectos sobre la función cortical en su conjunto, en particular en lo referido a las funciones de integración y diferenciación entre lo objetivo y lo subjetivo.

Esta presunción se basa en que en esas funciones convergen las interacciones de probablemente la mayor parte del cerebro, con lo que son más sensibles a pequeñas variaciones en sus sustratos «el efecto mariposa».

La capacidad cerebral de transitar rápidamente entre fases no es en sí patológica, sino al contrario, posiblemente básica para el ser humano, pues permite que los cambios relevantes en el entorno modifiquen con celeridad adaptativa los modos funcionales del sistema nervioso.

Esto probablemente facilita una relación rápida y fluida del sujeto con el entorno. Algo así fue intuido por John Hughlings Jackson en el siglo xix, con sus ideas sobre los principios de complejidad, jerarquía y subordinación en la organización del sistema nervioso.

Para él, las estructuras más altas serían más complejas, pero también menos organizadas, lo que les daría la flexibilidad necesaria para sus funciones 8.

Pese a lo delicado de ese equilibrio que puede inclinar fácilmente la balanza hacia lo patológico tal función no parece ser inestable en la población. Ambas cognición y emoción contribuyen decisivamente a las simbolizaciones que tan importantes son en nuestra vida subjetiva.

Debo precisar el significado que doy al término de simbolización pues son variables los sentidos con que se ha venido usando. Este concepto es algo más amplio que el que se usa otras veces, pues incluye todas las representaciones mentales de la realidad externa.

Sin embargo me parece que así es más útil para entender la psicosis, a la que hemos definido como la pérdida de contacto entre la realidad y sus representaciones El lenguaje verbal interno y externo es la forma con que los humanos representarnos la realidad, y la emociones son clave en tales representaciones dotándolas de valor subjetivo y motivacional.

En la psicosis puede, según los casos, estar alterada tanto la correspondencia entre los conceptos representaciones verbales y su realidad objetiva como las atribuciones emocionales correspondientes" Los procesos de simbolización así entendidos incluyen, entre otros, el lenguaje, las creencias, las valoraciones y las predicciones sobre el mundo.

Su contenido se nutre de representaciones de contenido cognitivo y emocional. Nuestro cerebro, como ha ilustrado elegantemente Joseph Le Doux, de la Universidad de Nueva York, en su libro The Emotional Brain, está bien lejos de utilizar mecanismos meramente racionales en sus representaciones y decisiones, aunque sea capaz de hacerlo.

Los símbolos que en nuestro cerebro conforman esos procesos son representaciones verbales y afectivas de objetos y relaciones del mundo que permiten su integración en la vida mental del sujeto, y que están íntimamente relacionados con la complejidad no lineal cerebral. Las diferencias entre los símbolos relevantes para distintos sujetos parecen muy coherentes con la impredecibilidad global del sistema, que tendría como consecuencias las apreciables diferencias entre distintos sujetos en sus productos mentales más elaborados.

En este contexto, cada individuo construye con su realidad simbólica sus teorías sobre cómo es realmente el mundo o, lo que viene a ser lo mismo, sobre lo que en el mundo es relevante para ese individuo. Además, la simbolización generalmente facilita organizar las acciones individuales y colectivas en busca de la resolución de muchos de los problemas que se presentan a los sujetos.

Algunas de las simbolizaciones que adoptamos apoyan esa resolución de modo instrumental, como el lenguaje, y otras lo hacen buscando la identificación grupal en torno a metas comunes.

Las realidades simbólica y objetiva son permeables entre sí en condiciones de buena salud mental, en las que ésta es al menos reconocible en aquella. Sin embargo, algunos contenidos simbólicos relevantes de ciertas personas care cen de la mínima necesaria correspondencia con el «mundo objetivo» y distorsionan la relación con este «mundo» de quien los posee.

Tales situaciones constituyen desviaciones en tanto la representación distorsionada de la realidad objetiva es asumida como cierta por el individuo en quien se da, que siente y actúa en consecuencia.

Esto no implica sin embargo que entre los enfermos, incluso los más graves, desaparezca la función de «dar sentido» a que antes aludía de los hechos mentales simbólicos.

Antes bien, se conserva e incluso adquiere una dimensión primordial, aunque el sentido conferido por simbolizaciones demasiado separadas de la realidad compartida deviene desadaptativo. Merced a sus propiedades complejas, cuanto más altas son las funciones cerebrales más sensibles se hacen sus respuestas a pequeños cambios externos o internos.

Por tanto, en las alteraciones mentales hay muchas posibilidades de que pequeñas y no anormales variaciones influyan en la determinación de la respuesta final. La alteración cuantitativa de las relaciones entre los sistemas inhibitorio y excitatorío que se ha encontrado en las psicosis puede dar lugar bajo ciertas condiciones a simbolizaciones demasiado poco relacionadas con la realidad externa, habiendo más fuentes de desequilibrio de esa función.

Conviene detenerse un momento a examir ar qué hay de relevante en los procesos de simbolización humana para la naturaleza de las psicosis.

Los individuos de esas especies se gradúan desde la absoluta imbecilidad a la excelencia. También son susceptibles a la locura, aunque mucho menos que en el caso del hombre pág. A modo de ejemplos, ciertas especies usan vocalizaciones distintas para avisar al grupo de la presencia de un águila o de una serpiente.

Dian Fossey recogió diferentes emisiones vocales de los gorilas de las montañas, de las que algunas servían como señales de alarma, y otras para refutar otros sonidos o para «regañar» a los más jóvenes» 9. El uso de herramientas implica un pensamiento simbólico instrumental y Jane Goodall mostró que los chimpancés son capaces de utilizar utensilios para «pescar termitas», y datos más recientes, indican que incluso podrían modificar ramas para utilizarlas a modo de lanza En El Origen del Hombre, Darwin también hace referencias al uso de herramientas por otros primates.

Los chimpancés pueden adquirir en un entorno preparado algún grado de comprensión oral abstracta, similar al de aproximadamente un niño de años 11 , si bien lo hacen inducidos por el ser humano, sin mostrar interés espontáneo en utilizar estas potencialidades simbólicas.

En nuestra especie se demuestra la importancia de la simbolización ya mucho antes de sus conocidas manifestaciones artísticas como las pinturas rupestres o las figuras ornamentales mediante la presumible atribución de un valor simbólico a ciertos objetos.

El Homo Erectus, que vivió hace entre 1. Este tipo de atribuciones, de ser ciertas, indicaría el nacimiento de una realidad simbólica a la «externa», de enorme importancia para el individuo humano. Nuestras facultades simbólicas, cuantitativamente muy superiores a las de otros primates, han dado lugar a productos mentales basados en la interpretación del mundo y la predicción de sus eventos.

Representamos el estado de las cosas y, en buena medida basados en lo que sabemos y en la información que recibimos de otros, formulamos teorías y creencias derivadas de las representaciones simbólicas del mundo. Las creencias son representaciones mentales que facilitan gracias a las predicciones a que sirven las conductas relativas al mundo y las otras personas si se acompañan de una razonable permeabilidad a la evidencia.

Por tanto, son útiles en general, y se ha postulado que nuestro cerebro está adaptado a su generación. Para ciertos autores, una de las funciones que cumple la especialización de nuestros hemisferios cerebrales es precisamente la de «buscar y generar» explicaciones, lo que parece compatible con el sustrato de la generación de creencias.

Esta idea está particularmente bien ilustrada por los experimentos realizados por Michel Gazzaniga y su grupo en pacientes con hemisferios quirúrgicamente desconectados para tratamiento de su epilepsia".

El asunto es como sigue. La información de cada hemisferio visual llega al contrario en el cerebro porque las vías se entrecruzan entre la retina y la corteza occipital. Lo que vemos con el lado derecho de nuestros ojos el campo visual derecho es visto por el izquierdo del cerebro y viceversa.

Gazzaniga y sus colaboradores mostraron una imagen diferente a cada hemisferio: una cresta de gallo al campo visual derecho por tanto al hemisferio cerebral izquierdo y una escena de nieve al campo visual izquierdo hemisferio derecho. Luego pedían al paciente que eligiera un objeto de una serie.

La mano izquierda eligió una pala, y la derecha un gallo. Lo interesante es que al pedir al paciente que enunciara el porqué de su elección, sólo mencionaba lo percibido por el lado izquierdo e integraba lo recibido por el derecho sin mencionar que lo percibido por éste subyacía a su elección.

Un paciente decía que había elegido el gallo porque va con la cresta y la pala porque tenía que limpiar el cobertizo del gallo. No mencionaba en ningún caso la relación nieve-pala.

Los autores interpretaban que el hemisferio izquierdo, que contiene en la gran mayoría de la población las funciones mentales, está especializado en interpretar lo percibido. En otros experimentos encontraron que las interpretaciones y predicciones de este hemisferio ten dían a ser rígidas, sin tener en cuenta los patrones cambiantes de las percepciones La generación de teorías y explicaciones puede tener más o menos en consideración los elementos de la realidad externa.

Si se produce un desequilibrio entre la verosimilitud concedida por el cerebro a las explicaciones que él mismo genera y la que concede a las evidencias que percibe en el exterior o comunicadas por otras personas a su favor o en contra es decir, el grado en que atiende a la realidad procedente del exterior , es posible que la realidad simbólica subjetiva y la realidad objetiva compartida se desconecten hasta extremos percibidos como patológicos por un observador externo.

Los experimentos de Gazzaniga sugieren que una comunicación interhemisférica deficiente puede facilitar la desconexión entre ambos «tipos de realidad» la simbólica y la objetiva , como antes comentaba que podía ser también el caso para el desequilibrio entre excitación en inhibición.

Hay evidencias sólidas de que las conexiones entre hemisferios o entre regiones corticales pueden ser menos eficientes en la esquizofrenia que en los sujetos normales Estas evidencias se han obtenido mediante un desarrollo de la técnica de la resonancia magnética nuclear, la imagen por difusión de tensores, que permite estudiar las vías por las que el agua difunde con más o menos facilidad en el cerebro, de lo que se puede deducir la integridad de los tractos conectivos entre áreas.

y, no menos importante, en el fervor del comportamiento religioso» Nuestras creencias patológicas y las que no lo son, además de cumplir funciones obvias pueden facilitar un cierto grado de «pérdida de la realidad». Las creencias extremas contienen la capacidad de separar al sujeto de su entorno, basculando la importancia relativa de la realidad simbólica y la objetiva hacia la primera.

Las alteraciones psicóticas producen el mismo efecto, probablemente por mecanismos más primariamente biológicosn. EN EL CEREBRO El desarrollo de la capacidad del cerebro para construir representaciones simbólicas se ha relacionado en el tiempo con la expansión de su corteza, y por lo tanto presumiblemente con el aumento del número de neuronas, sus elementos celulares básicos junto a las células gliales.

Pero no sólo del número de células, pues una de las principales diferencias, entre nuestra corteza y la de otras especies reside en el número de conexiones o botones sinápticos18 19, 20 , es decir, en la cantidad de conexiones que cada neurona tiene con otras, cuyas particulares propiedades fisiológicas facilitan en nuestra especie una mayor eficiencia sináptica En el mismo sentido, Jon H.

Kaas y su grupo de la Universidad Vanderbilt mostraron que una de las diferencias principales entre el ser humano y otras especies es el aumento de la conectividad dentro de las distintas áreas sensoriales y motoras, así como entre sensoriales y motoras entre sí Hay más datos comparativos que subrayan la importancia de la alta conectividad en nuestros procesos mentales superiores.

Las áreas asociativas de más alto orden están más desarrolladas en el humano. Así, los trabajos del grupo de Katerina Semendeferi mostraron que, aunque el lóbulo frontall9 en conjunto no es mayor proporcionalmente en el ser humano, el área 10 de Broadmann20, localizada en la región dorsolateral prefrontal, tiene el doble de tamaño en el ser humano que en otros primates Por tanto, la expansión prefrontal mejora plausiblemente la capacidad de coordinación de todas esas informaciones para dar lugar a una respuesta planificada y compleja.

Es además una de las regiones para las que hay más evidencias de alteración funcional en el conjunto de las enfermedades que pueden cursar con psicosis. El incremento de la comunicación inter-regional en el ser humano se relaciona probablemente además con el gran aumento relativo de la materia blanca la parte del cerebro formada por los axones neuronales y su recubrimiento por células gliales respecto otras especies El cerebro humano está dotado para procesar simultánea y sucesivamente mucha más información de lo que pueden lograr otras especies.

Por otro lado, en un cerebro más conectivo hay más posibilidades también de que las respuestas ante un estímulo determinado sean menos predecibles, hasta el punto de que no lo sean en absoluto.

La complejidad sináptica no se refiere meramente al número elevadísimo de piezas en el sistema, sino más bien a las caóticas propiedades del sistema que surgen de su constitución y de su relación con otros sistemas, igualmente complejos como el entorno de cada sujeto.

LA MARAÑA SINÁPTICA La trasmisión sináptica posee en el ser humano muchos más niveles posibles desde una percepción hasta su representación mental en torno a 6 que en otras especies que tienen uno o dos Esto facilita que las sensaciones sirvan para identificar de modo mucho más complejo y detallado la realidad, para integrar modalidades sensoriales o para añadir a la percepción los datos de la memoria o la emoción.

En palabras del neurocíentífico Marsel M. Mesulam, de la Universidad de Chicago « esta organización permite a cada sensación desencadenar una casi ilimitada variedad de respuestas cognitivas y conductuales y mantener al mismo tiempo la exactitud y la fiabilidad de las representaciones» Las ideas recientes sobre el sustrato de nuestras funciones superiores dan gran importancia a la comunicación y funcionamiento simultáneo de distintas regiones cerebrales, como repasa Joaquín Fuster en su libro Cortex and Mind: Unifying Cognition Esas funciones mentales no están localizadas en una región más o menos amplia, sino que surgen de la acción coordinada de muchas áreas distribuidas a lo largo y ancho del cerebro Ya desde los trabajos del gran neuropsicólogo Alexander Luria sobre las consecuencias de las heridas en la cabeza de muchos soldados soviéticos, sabemos que las alteraciones en las funciones mentales aparecen asociadas a distintas localizaciones cerebrales, y que la misma función puede depender de agrupaciones neuronales diferentes en distintas personas.

La propuesta de que la actividad distribuida cerebral subyace a las funciones mentales está particularmente apoyada en muchos estudios de imagen cerebral, que muestran una activación distribuida en distintas regiones en relación a tareas de ese tipo.

Esta activación es dinámica, es decir, cambiante a lo largo de la tarea, y que se acompaña de la desactivación de otras regiones Recientes descubrimientos vienen a completar este cuadro de gran complejidad.

El ganador del Premio Nobel Gerald Edelman y Giulio Tononi proponen que lo que subyace al fenómeno de la «conciencia» las representación mental de uno mismo esencial en nuestra realidad simbólica es la actividad distribuida y sincronizada, basada en conexiones reentrantes, es decir, recíprocas y reverberantes, entre múltiples áreas corticales Exponen esa propuesta en su obra A Universe of Consciousness: how matter becomes imagination.

La aparición de conexiones eficientes y reentrantes entre los sistemas del lenguaje en el cerebro y las áreas conceptuales las cortezas sensoriales primaria y secundaria de cada modalidad, como oído, vista o tacto permitirían para estos autores la referencia a estados internos mediante símbolos.

Para esos mismos autores, existen dos formas de conciencia. Por un lado, la primaria, o «capacidad de general una escena mental en la que una elevada cantidad de información se integra para el propósito de dirigir la conducta presente o inmediata».

Por otro, la de «alto orden, que requiere de una capacidad semántica y, en su forma más desarrollada, de capacidad lingüística» La interacción deficiente entre regiones corticales puede subyacer a los fenómenos clínicos que se observan en la esquizofrenia 29 PERCIBIR Y ENTENDER De modo general, podemos decir que hay procesos y áreas cerebrales más básicos dedicados a la percepción de una modalidad sensorial, por ejemplo y otros más «complejos», como los dedicados a asociar distintas percepciones y experiencias, para dar lugar a las representaciones mentales «con sentido» a que estamos acostumbrados.

En estas representaciones confluyen la integración de varias modalidades sensoriales, las atribuciones de valor emocional a percepciones complejas y las presunciones sobre los contenidos mentales ajenos, entre otras funciones.

Ese adjetivo «básico» relativo a ciertas áreas sensoriales es realmente una simplificación al hablar de funciones cerebrales cualesquiera, por la gran complejidad conectiva de los procesos sensoriales en los animales. Baste señalar como ejemplo la capacidad que los seres humanos tenemos para identificar rostros y para deducir de ellos los estados mentales de sus poseedores.

Ambos tipos de procesos contribuyen poderosamente a la formación de representaciones mentales del entorno, y por tanto sus alteraciones pueden contribuir a la alteración de la vida simbólica presente en las psicosis. Vamos a considerar algunas de las propiedades de ambos grupos de sistemas relevantes para comprender este tipo de problemas.

Aunque se escapa totalmente de mi conocimiento e intención exponer en detalle lo que hoy se sabe sobre la fisiología de la percepción y las funciones integradoras multimodales para lo que hay excelentes textos , voy a hacer un somero repaso de algunos de los puntos más relevantes para ese objetivo, empezando por los procesos perceptivos.

El proceso perceptivo es complejo, y uno de sus aspectos más importantes, como investiga la psicología de la Gestalt, es la organización de lo percibido, que consigue dar sentido a sus fragmentos parciales.

No siempre, sino más bien al contrario, tenemos una visión completa y estable que nos permita analizar detenidamente la realidad. Por ello, necesitamos utilizar las pistas que nos dan nuestros sentidos para llegar a la idea del todo.

En otras palabras, muchas veces creemos más que sabemos. Si alguna dificultad en el proceso perceptivo empeora la integración del objeto en el todo, o rompe la integridad del campo perceptivo, cabe esperar interpretaciones erróneas relativas al valor fundamental en la simbolización de un objeto o situación.

En este marco, Peter J. Uhlhaas y Aaron L. Mishara repasan en un muy interesante trabajo 30 la evidencia existente sobre las alteraciones primariamente perceptivas en pacientes con esquizofrenia en base a descripciones de casos y a trabajos de laboratorio : proponen que tales alteraciones son en muchos pacientes la clave para explicar sus trastornos Esta idea es además coherente con una importante serie de resultados que muestran como la percepción visual puede estar alterada en muchos pacientes con esa enfermedad, incluyendo sus sustratos cerebrales repasado en Se demuestra así que ciertas anomalías leves en la percepción del entorno, no en su interpretación, sino en el propio proceso perceptivo, pueden dar lugar a interpretaciones inapropiadas del conjunto que faciliten representaciones no justificadas por la realidad.

El trabajo de Uhlhaas y Aaron es particularmente interesante al tratar de establecer un vínculo entre los datos procedentes de la experiencia clínica y neurobiológica y el pensamiento fenomenológico concebido por Edmund Husserl, que enfatiza la primacía de la experiencia humana y su cualidad directa y viva, irreductible a las explicaciones proporcionadas por las ciencias naturales.

En particular, repasan las descripciones psicopatológicas de cuatro psiquiatras alemanes Paul Matussek, Klaus Konrad, Ludwig Biswanger y Wolfgang Blankenburg relativas a las alteraciones de la percepción en pacientes con esquizofrenia, que muestran evidencias, por ejemplo, de una fragmentación del campo perceptivo en algunos de ellos.

En primer lugar, una intrigante facultad de la visión humana es la de «ver» cosas en el mundo físico que realmente no están ahí. Lo podemos observar con las muchas imágenes geométricas que crean la ilusión de que se perciben otras cuyos límites no están dibujados.

Es lo que se denomina en psicolo gía contornos ilusorios. Pese a saber que esas figuras no están ahí, nuestro sistema nervioso nos engaña haciendo que las «veamos». Esta propiedad se ha relacionado con otra de las neuronas de la retina, la denominada «inhibición lateral», por la que esas células pueden inhibir a otras que las rodean y así acentuar los contrastes.

Se ha propuesto que esta facultad de «ver» formas y bordes donde no los hay, e incluso movimientos que no existen, tiene su sentido para la supervivencia.

Las criaturas con esta facultad son más capaces de distinguir en condiciones «reales» entre figura y fondo, por ejemplo cuando una figura importante tiene el mismo o similar color e iluminación que el fondo.

Distinguir ambas cosas puede facilitar por ejemplo la respuesta de huida ante depredadores camuflados. La creación de estas imágenes ilusorias en base a información parcial contribuye a hacer más comprensible un mundo que de otro modo se nos mostraría como caótico, aunque lo haga ajustándolo a ideas prefiguradas no necesariamente correctas.

De modo análogo, los psicólogos de la «escuela de la Gestalt» consideran que podemos crear ilusiones subjetivas debido a nuestra tendencia a identificar figuras simples, familiares o «buenas» en nuestro entorno La tendencia a clasificar los estímulos del entorno en categorías más o menos pre- establecidas mejora la capacidad de reacción.

El grado de concordancia entre el objeto y su percepción puede mediarse por factores contextuales. Un aspecto de gran interés en la creación de las imágenes ilusorias es la demostración que la falta subjetiva de control sobre una situación por el propio sujeto aumenta la tendencia a percibir patrones inexistentes.

En una reciente publicación 33 , Jennifer A. Whitson y Adam G. Compararon la tasa en que los sujetos describían percepciones que denominaron ilusorias en grupos de puntos que no las contenían, o la facilidad en ver patrones de acción «conspiraciones» en series de eventos no relacionados entre sí.

Las personas en la condición «falta de control» percibían con más facilidad imágenes ilusorias y tenían más tendencia a encontrar conspiraciones en series de eventos. Las distorsiones cognitivas y cognitivas en función de las circunstancias vivenciadas están por lo demás bien documentadas desde hace tiempo.

Por ejemplo, los niños de clases económicas menos favorecidas tienden a sobre-estimar el tamaño de las monedas y las personas hambrientas tienden a ver representaciones de comida en imágenes ambiguas Todo ello hace pensar si la vulnerabilidad de las personas con psicosis basada en las menores capacidades cognitivas o de manejo emocional que muchas de ellas sufren puede, a través de la vivencia de falta de control prolongada, facilitar la aparición de pensamientos poco relacionados con la realidad los delirios o la percepción sensorial de patrones interpretaciones alucinatorias a partir de elementos estocásticos de la realidad.

La historia personal puede así matizar la propensión a la psicosis. Esto se demuestra en hechos conocidos corno que pertenecer a una minoría en una gran ciudad o experimentar repetidas «derrotas» personales lo que sin duda condiciona una vivencia de falta de control son factores demostrados de riesgo para la psicosis, corno veremos más en detalle.

El profesor de Psiquiatría de la Universidad de Yale Bruce Wexler, en su libro Brain and Culture, interpreta el conjunto de datos resultantes de investigar tal posibilidad en el contexto de la idea de que, tras los años iniciales en que predomina el aprendizaje, el ser humano adopta esquemas internos a los que adapta sus visiones del mundo En términos generales, de acuerdo a este autor, las personas valoramos como altamente satisfactoria la concordancia entre la estructura externa de lo que percibimos y nuestra estructura interna, lo que refuerza la tendencia a adoptar nuestras perspectivas de los acontecimientos externos a los esquemas preconcebidos.

Una fuente de experiencia es sin duda la farniliaridad con situaciones o personas. La repetición de la exposición a elementos familiares es significativamente placentera para muchas personas. Por ejemplo, en una investigación de Robert Zajonc y sus colegas se fueron mostrando a los participantes estudiantes universitarios caracteres chinos que les eran completamente desconocidos en Les dijeron que se trataba de un experimento relacionado con el aprendizaje de lenguas extranjeras.

Les mostraron 10 caracteres, 2 una vez, 2 dos veces, dos cinco veces, dos diez veces, y dos 25 veces. Luego les preguntaron sobre cada carácter les dijeron que eran adjetivos si creían que representaba una cualidad buena o mala.

Cuantas más veces habían visto el carácter, más probabilidades había de que dijeran que la cualidad representada era positiva. Cambiaron la frecuencia de los caracteres en otros grupos el que mostraron 25 veces lo mostraron 1 vez en el otro grupo, y así sucesivamente , obteniendo la misma relación entre familiaridad y agrado.

Se han obtenido resultados similares con estímulos corno fotografías o rostros de personas. Aun reconociendo el interés de estos datos, creo que deben matizarse.

La influencia de la familiaridad a la hora de aceptar una experiencia previa corno buena sobre todo si es compleja, corno la aceptación de ideas presentes en el medio familiar de origen dependerá de si esa experiencia fue o no satisfactoria a su vez.

Otra fuente extremadamente relevante de experiencia para la interpretación de las percepciones es la procedente de las demás personas. Los modos individuales con que las interpretamos son muy permeables a lo que sabemos de las creencias de los demás lo que es clave en las ideologías.

Además, la fuerza de la adaptación al grupo puede ser tan grande que modifique incluso percepciones básicas. En el más conocido de los experimentos que demuestran esta influencia, una línea se enseñó a un grupo de sujetos de 4 a 6 y se les pidió que dijeran si era de la misma longitud que otras tres líneas.

Todos los sujetos menos uno fueron instruidos para elegir la respuesta errónea, y ese único sujeto se situó de tal manera que debía oír las respuestas de los demás antes de dar la suya. Una proporción muy alta de personas se adhirieron a las respuestas de los demás pese a que eran evidentemente erróneas 36, Tales resultados ilustran la vulnerabilidad de la fiabilidad de las representaciones ante las influencias del entorno.

Esto es compatible con la posibilidad de que determinadas circunstancias ambientales faciliten sesgos perceptivos que incrementen el riesgo para desarrollar una psicosis. Los dos tipos generales de problemas a que he aludido en esta sección los debidos a funciones o regiones más integradoras y a otras más de índole perceptiva no son mutuamente excluyentes, y es posible que contribuyan a las alteraciones de pacientes diferentes incluso en un mismo diagnóstico.

O que su proporción variable en un sujeto contribuya a los distintos patrones que, como veremos, caracterizan a los pacientes en cada una de las categorías diagnósticas actuales. EspEJos Ciertas propiedades cerebrales descubiertas recientemente como el sistema de neuronas en espejo pueden explicar parte del sustrato de la capacidad simbolizadora humana y quizá contribuir a sus alteraciones.

Giacomo Rizzolati y Corrado Sinaglia, de la Universidad de Padua, describen en su libro Mirrors in the Brain, que tal sistema consiste en conjuntos neuronales que «se activan tanto al realizar un determinado acto con una finalidad concreta como por ejemplo coger una pieza de comida para llevársela a la boca, pero no con otros fines , como al ver a otro sujeto hacer el mismo movimiento con la misma finalidad».

Marco lacoboni, que ha estudiado este mismo tema en sujetos humanos con técnicas de imagen describe en su libro Mirroring People que esta función también puede ser asumida por neuronas perceptivas, como las que nos harían representar el sufrimiento que percibimos en otros, sobre todo en los más relacionados con nosotros.

El ser humano y otros simnios, incluyendo a los macacos, parientes relativamente lejanos nuestros, poseen estas neuronas en las regiones frontal en el área promotora y parietal inferiores.

Aunque las evidencias de su presencia son más directas en el macaco donde se han estudiado esas neuronas con registros intraneuronales fue en el humano donde solo las hemos «visto» funcionar con técnicas de neuroimnagen , se asume su existencia también en nuestra especie.

Así, gran parte, si no todos, los sistemas neurales podrían tener tales propiedades. De modo muy interesante para la psicosis al menos potencialmente , esas neuronas se han implicado en la identificación del «Yo»: cuando el acto es realizado por uno mismo su activación es mayor que cuando el mismo acto es observado mientras otro lo realiza pensándose que tal diferencia puede contribuir a la identificación de uno mismo como sujeto Esta implicación de las neuronas en espejo en la identificación de uno mismo como sujeto es apoyada por un experimento en sujetos sanos con neuro imagen funcional resonancia magnética, en este caso , realizado por Lucina Uddin en la Universidad de California con Marco lacoboni.

Los autores valoraron la diferencia entre la activación relacionada con el reconocimiento de la propia cara en comparación con el reconocimiento de la cara de su mejor amigo. Lo que encontraron fue que precisamente las áreas que se piensa que contienen neuronas en espejo en el lado derecho del cebrero una frontal y otra parietal mostraban una robusta diferencia de activación entre ambas condiciones En los primates la activación de las células en espejo se desencadena con actos transitivos, es decir, con una finalidad real, y no lo hacen cuando el movimiento es «mímico» cuando el experimentador simula pero no lleva realmente a cabo el llevarse la comida a la boca.

En cambio, en el ser humano, las neuronas en espejo sí se activan ante actos intransitivos que podemos entender que simbolizan a los actos que imitan Es sin duda una capacidad diferencial que facilita las representaciones mentales de algún modo, recreando los actos observados o previstos en el propio cerebro.

Este sistema se ha propuesto como uno de los sustratos en el desarrollo del lenguaje, al permitir comprender los significados de los movimientos ajenos y en particular de los gestos realizados , así como uno de los fundamentos para entender el contenido emocional de las muecas, gestos y movimientos de otras personas 40 , lo que también puede permitir entender parte de nuestras capacidades simbolizadoras.

La posibilidad de un papel para estas neuronas en el lenguaje se ve reforzado por el hecho de que algunas pueden responder también a sonidos representativos de acciones, no solo a su visualización Los sistemas de neuronas en espejo indican que las funciones motoras y perceptivas pueden ser desarrolladas por similares neuronas, y que poseen propiedades tan intrincadas como para activarse al realizar un movimiento, observar ese mismo movimiento, hacerlo con una intensidad diferente según en contexto en que se observe, activarse ante la mera vista de objetos que sirvan para el movimiento codificado o, en el ser humano, ante la presencia de las palabras que simbolizan el objeto referido.

Estas propiedades demuestran la estructura abierta del cerebro, no cerrada en módulos destinados a una sola función.

Por otro lado, este conjunto de sistemas neuronales parece tener una gran importancia en el establecimiento de la vida social al facilitar la reproducción mental de lo experimentado por el otro pueden ser la base de la empatía y, en el ser humano, de la simbólica mediante la activación de los mismos grupos neurales por un acto o el símbolo que lo representa.

Además, se empieza a descubrir su papel en la identificación de uno mismo y en el sentido de agencia se activan más cuando se contempla la propia cara o es uno quien realiza la acción.

Todas estas son funciones de las que los síntomas de la psicosis sugieren que en algunos pacientes cuando menos puedan estar alteradas. Por ejemplo, su frecuente dificultad para entender las intenciones de las demás personas, la dificultad para diferenciar el espacio interno del externo confundir pensamiento y percepción en el caso de las alucinaciones , tener vivencias de pasividad no experimentar la sensación de agencia sobre los propios actos sino sentir que se está siendo controlado o tener la certeza en algunos delirios de que la identidad propia o la de otros no es la que parece ser.

No sería por tanto en absoluto descartable que algunas alteraciones de los sistemas de neuronas en espejo contribuyeran a alguno síntomas de los pacientes psicóticos. Esta es de hecho una línea actual de investigación en el campo de la psicosis. Sus alteraciones pueden ser capaces de producir un cambio en la cualidad de la simbolización y por tanto subyacer a la psicosis.

De hecho, en la esquizofrenia y el trastorno bipolar hay muchas evidencias de alteraciones estructurales 42, 43 , funcionales , bioquímicas 47, 48 , de la conectividad 49, 50 , o de la neurotrasmisión 5, en las regiones de integración multimodal. La disfunción de los procesos asociativos, de gran complejidad sináptica sus conexiones proceden de muchas áreas diferentes, a donde re-envían sus mensajes , es ciertamente una vía que puede conducir al sujeto a una alteración en la correspondencia entre sus simbolizaciones y la realidad objetiva subyacente.

La disfunción en esas áreas y procesos pueden conducir a radicales cambios en el valor afectivo asociado a un elemento externo o en la interpretación de las asociaciones temporales o causales entre eventos.

Éntre las funciones de estas áreas destaca por su importancia la de la memoria operativa traducción de working memory.

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Author: Vigar

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